Los amores prohibidos
El Pais - Cultura:Crítica:CINE : “LA PETICION” - domingo, 10 de octubre de 1976, 9:00
Al fin, tras sus postreros problemas de censura, llega hasta nosotros esta Ana, pariente cercana de Teresa Raquín, aquella con la que Zola desatara las iras de los moralistas de su época. Esta Ana de ahora, traída a la pantalla de la mano de Pilar Miró, es posible que también las desate, habida cuenta de que La petición es uno de los pocos filmes, por no decir el único, dedicado en España a cierta clase de amor, aquel que, más allá del placer natural, busca en la crueldad, los límites del sexo.Pilar Miró, conocida por su extensa labor en la pequeña pantalla que incluye desde el filme de aventuras, hasta las versiones de nuestros más célebres clásicos, ha escogido para su iniciación cinematográfica un tema difícil que, trabajado, urdido, matizado, ha sabido sacar adelante, luchando por él desde su planteamiento a nivel de producción hasta los últimos avatares administrativos. Sucede que en esto del valor, de los avatares mencionados, las mujeres suelen ir más lejos que los hombres; así nuestra Pardo Bazán en la que, en cierto modo, parece inspirada, más que en Zola, esta película. Doña Emilia, embajadora en nuestro país del naturalismo francés a través de sus artículos y parte de su obra, distinguía en su maestro dos vertientes: una ambiental que no la complacía y otra, más cercana a ella: la de los instintos. Pilar Miró ha sabido entender lo que de Zola puede salvarse aún hoy, y prescindiendo del resto, lo ha tomado para su historia poniéndola en pie, en un estilo realísta, potenciado con secuencias donde el sexo alcanza su real dimensión, por lo tanto entre nosotros desusada.
La petición
Basada en úna novela de Emilio Zola. Guión de Pilar Miró y Leo Anchoriz. Intérpretes: Ana Belén, Emilio Gutiérrez Caba, Frederic de Pasguale, María Luisa Ponte. Dirección: Pilar Miró. España. Drama. Color. 1976. Local de estreno: Roxy B
No se halla el amor aquí traído de compromiso, llamado para una puesta al día, tributo, al fin, a hambre prolongada, sino como tema central de una fábula disputada y resuelta, dentro de un cierto fatalismo que se adivina al fondo de esa rica casa de provincias, desde que se inician los juegos infantiles. El paso de estos juegos no tan inocentes hasta la pasión y el desenlace, aparece muy certeramente contado, con una progresión medida en el tiempo y las imágenes que evidencia la experiencia de la realizadora. Con excelente pulso en elección de actores, en su dirección y en la resolución de la parte puramente técnica, este cuento inmoral, sin castigo del culpable, es todo contrario de una primera obra en su forma de abordar el tema, de enfrentarse a él y llevar al espectador hasta un final sin concesiones.
Ana Belén, mejor en el amor que en el prematrimonio, es el eje en torno al cual gira el filme, bien ambientado, iluminado y vestido. En torno a ella, una serie de actores, algunos viejos amigos de pantalla pequeña, componen ese sólido friso que mantiene en pie tantas producciones venidas de fuera. María Luisa Ponte, con su seguro hacer y su personalidad casi siempre por encima de sus perso najes, destaca junto a Frederíc de Pasquale en un tipo ingrato y muy difícil de salvar salvo por un acto de categoría indudable.
Mención aparte merece, a su vez, Emilio Gutiérrez Caba. quien con su sentido exacto y contenido, mantiene en pie con Ana Belén esta petición, a través de la cual Pilar Miró, tras Ana Mariscal y Josesefina Molina, pide un puesto en la cinematografía española.
