Una visión superficial de América

Una visión superficial de América

El Pais - Cultura:Crítica:CINE/ “ZABRISKIE POINT” - jueves, 7 de julio de 1977, 9:00

Hay muchas formas de ver un país, de intentar comprenderlo. La peor, desde luego, es intentar entenderlo desde fuera. En esto de interpretarlos, no los hay grandes o pequenos, mas si de lo que se trata es de damos radiografía, perfil o peso específico de un coloso económico, militar, racial o histórico, complejo y abigarrado como pocos, tal como se nos presentan hoy los EE. UU. de América, la empresa va más allá de las normales posibilidades del actual cine comercial, viniendo a evidenciar sus limitaciones.Para ello habría sido necesario acertar en la anécdota, con una historia trascendente, con unos personajes que, más allá de lo cotidiano, fueran capaces de encarnar, simbolizar o representar al menos, los nuevos tiempos del final de los sesenta, cuando las universidades de aquellas latitudes ardían en conflictos sociales y el país en toda serie de manifiestos contestatarios.

Zabriskie Point

Dirección: Michelangelo Antonioni.Intérpretes: Mak Frechette, Daria Halprin y Rod Taylor. EE. UU. Color. Drama 1970. Local de estreno: Felipe II

La verdad es que Antonioni y sus colaboradores no han querido o no han sabido profundizar en la auténtica entraña de¡ problema. Cuando se recuerdan las obras llevadas a cabo en aquellas latitudes por directores europeos, más o menos integrados en la cultura del otro lado del Atlántico, más se echa en falta una toma de contacto con la América real, un planteamiento vivido, nio imaginado o visto veloz y superficialmente, tal como da la impresión de haber sido concebida y realizada esta película.

Viendo este filme de Antonioni, se tiene la impresión de conocer un país por su epidermis, en su pura superficie, a través de personajes tópicos y con temas que si en su época no lo eran, el tiempo los ha vuelto inservibles, pan nuestro de cada día, incluso en nuestras propias calles y universidades.

Sociedad de consumo, revolución y represión, ecología y vuelta a la naturaleza se nos dan aquí casi como atractivo cuadro de contrastes antes que como auténticos problemas. La lucha entre stablishment y contracultura, a fuerza de esquematizar, acaba por resultar ridícula, como el viaje a través del desierto, a lo largo de la carretera o desde el aire, cuando se le compara con aquel otro viaje de Easy Rider.

Todo lo que en el joven cine americano hay de rabia y verdad, de denuncia violenta e insatisfecha, se convierte en Zabriskie Point en algo manido y muerto, más que por su propia entidad perecedera, por el ojo apagado que lo observa y presenta. La historia del estudiante colérico que acabará muerto por la policía, tal como nos imaginábamos desde un principio, y la secretaria adolescente en busca de un lugar propicio para sus meditaciones, nos dice poca cosa, entre otras razones, porque aparece fríamente interpretada y porque no acaba de encajar en esa otra cara del filme, en ese otro documental no demasiado afortunado tampoco, que contribuye a su vez y de modo fundamental, a dar a la película un tono ambiguo y poco claro. Es como si el realizador, a fuerza de darnos las claves de su historia y a la vez de EE. UU. de América, mezclara dos géneros, dos estilos aquí dispares, sin acertar en ninguno de los dos, sin conseguir acercarnos a la realidad, ni saltar la barrera de cierta poesía banal, ni siquiera en los famosos momentos del amor múltiple o en la ingenua destrucción simbólica de los consabidos bienes de consumo.