Vidas paralelas

Vidas paralelas

El Pais - Cultura:Crítica:CINE - viernes, 5 de mayo de 1978, 9:00

Claude Goretta, que en su buen filme La invitación nos ofrecía con ironía y sensibilidad un agudo retrato en el que se analizaba la psicología de grupo, nos lleva en esta ocasión, en esta nueva historia, al extremo opuesto, a la búsqueda y estudio de las razones de una soledad, encarnada por sus dos protagonistas.No se trata sólo de timidez, sino de la incapacidad de romper la invisible barrera con que la actual sociedad nos separa de nuestros semejantes. Para ello se ha servido de la novela de Pascal Laine que carga más sus razones sobre el campo de la psicología que en el de las puras relaciones sociales. El resultado ha sido un filme lineal, hasta cierto punto aséptico, cuya continuidad queda rota en ocasiones con algunas leves alusiones al pasado, en un hábil montaje que, a la moda de hoy, libera la acción de tiempos muertos, a lo largo de una historia que por falta de información sólo a medias convence. La literatura y la novela actual, concretamente, cuentan para tales empeños con mejores recursos expresivos que el cine, a la hora de analizar tal tipo de conflictos interiores y a pesar del buen trabajo del realizador y de algunos actores. Sin embargo, el retrato de dos jóvenes de hoy, aun tomado como excepción vagamente poética, precisamente por intentar presentarlo como verosímil, se resiente demasiado de su origen, cayendo a veces en cierta monotonía agudizada por su protagonismo exclusivo a lo largo de la película.

La Dentellière

Dirección: Claude Goretta. Según la novela de Pascal Laine. Guión de Claude Goretta y Pascal Laine. Fotografía: Jean Boffety. Música: Pierre Jansen. Intérpretes: IsabelleBoffety, Florence Giorgelti, Yves Beneyton. Francia, 1976. Dramático. Local de estreno: Alphaville 3.

No se trata de incomunicación. Pomme aparece demasiado introvertida, los amigos demasiado intelectuales y ridículos y el mismo Francois mal definido, componiendo entre todos un conjunto demasiado esquemático en el que guión y dirección no han querido profundizar, contentándose con arañar la superficie. Las diferencias de la pareja, no sólo a nivel cultural sino sociales, aparecen tan evidentes de antemano que no es difícil imaginar el desenlace, aunque la enfermedad final no viene justificada, ni aclarada.

La personalidad de la protagonista aparece más claramente dada en contraste con la amiga que a lo largo de su historia solitaria, cargada de un excesivo lastre literario aunque las palabras cuenten poco en ella. Retrato femenino de una muchacha cuyo encanto queda inédito en parte no sólo para sus amigos de ficción, sino para muchos de sus espectadores, es la suya una vida vista como a través de un cristal gris, opaco que sólo dejara adivinar las formas ocultando perfiles y razones. No se trata de un relato al estilo de Chejov, sino de una historia demasiado corta a la que se ha añadido un final trágico. Memoria de un breve encuentro, de una amistad como tantas otras, poco en ella trasciende de lo puramente cotidiano, si acaso un análisis del cansancio, del tedio debido a circunstancias no bien definidas, explicadas por silencios antes que por palabras, a lo largo de un relato demasiado intimista para lo que el cine, hoy por hoy, puede ofrecernos y Goretta intenta: la soledad elemental de unos seres enfrentados no por falta de entendimiento, sino por hábitos, trabajo, cultura y vida, más allá de la amistad y el sexo.