Fábula del amor total
El Pais - Cultura:Crítica:CINE - viernes, 5 de enero de 1979, 9:00
Quizá la virtud más señalada, entre las muchas que adornan este buen filme francés, sea la sencillez aparente con que se ha tratado un tema bastante hondo y complejo. Lejos del tan temido «intelectualismo», capaz de arruinar tantos filmes de sus compatriotas, Coline Serreau, ligada ya anteriormente al teatro y al cine, ha acertado en este su primer trabajo largo a plantearnos un problema moral bien actual en nuestra sociedad cambiante.Como todos sabemos, los antiguos esquemas de la relación entre hombre y mujer hacen agua por todas partes, al menos entre los automarginados y los jóvenes. La vida familiar se resquebraja, sustituida por otros tipos de comunidad, no sabemos si mejores o peores, mas radicalmente diferentes. Coline Serreauho nos viene a hablar en su filme de problemas generacionales, al menos no es ésa la razón principal de su filme, sino de la posibilidad de que hombres y mujeres vivan lejos de los módulos habituales, impuestos por la sociedad que les rodea.
¿Porqué no?
Dirección, Coline Serreau. Guión y diálogos, Coline Serreau. Fotografía, Jean François Robin. Música, Jean Pierre Mas. Dramático. Francia. 1977. Protagonistas principales,. Sami Frey, Mario González, Christine Murillo y Nicole Jamet. Local de estreno: Gayarre.
No nos ofrece ninguna solución, tan sólo pone en marcha a sus personajes, dándoles la oportunidad de tolerarse, amarse o respetarse, al margen de una ley que ellos pretenden adoptar como válida. Sus problemas no surgen con el mundo en torno. Si los hay están vistos a través del humor. Los auténticos nacen entre ellos mismos cuando el protagonista principal de la familia improvisada decide abandonar a sus amigos, a la vez hijos y amantes, poniendo en peligro la vida del grupo como tal. Este personaje que es a la vez padre, madre y amante de los otros, centra en sí la clave del filme, de esta parábola en imágenes reales donde, como el título indica, nada se afirma, en una especie de propuesta a los espectadores.
A medias entre el humor de buena ley y un sosegado dramatismo que no siempre llega a conmover, Coline Serreau ha realizado, sin embargo, una excelente «opera prima», no sólo por la novedad del tema, o su planteamiento directo y contundente, sino también porque, trayendo a la memoria filmes parecidos de la ya olvidada «Nueva Ola» francesa, ha sabido asimilarlos con total validez, dándoles nueva forma en una historia original, actual y de personalidad evidente.
