Homenaje del Ayuntamiento de Madrid a Jesús Fernández Santos


Discurso pronunciado por el Excmo. Alcalde de Madrid, D. Agustín Rodríguez Sahágun el 11 de diciembre de 1989.

Querida María:
Nos hemos reunido unos instantes aquí en este acto para rendir homenaje a la memoria de un ilustre desaparecido, de Jesús Fernández Santos, un gran hombre, un gran escritor que se nos fue por desdicha en el momento de su plena madurez, en el momento máximo de la realización de su obra.
Pertenecía, Jesús, a esa que se ha dado en llamar la generación intermedia, la generación a la que yo pertenezco: es decir, aquella generación que está entre los escritores que hicieron la guerra en uno u otro bando, y los llamados “hijos de la guerra”: aquellos que no vivimos la guerra y apenas guardamos recuerdos de ella, pero la sufrimos: Ignacio Aldecoa, también fallecido; esa generación a la que pertenecen Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio y tantos nombres gloriosos: una generación que, yo creo, se caracteriza por el realismo estético en el sentido de que va mucho más allá del simple testimonio de un entorno y unos hechos trágicamente marcada por la historia.
Jesús era un hombre que sustentaba toda su obra en un lenguaje impecable, riquísimo, yo diría que casi de orfebrería y una extraordinaria técnica narrativa. Jesús era un auténtico maestro del arte de narrar. Desde ese volumen de texto de relatos publicado bajo el título de “Cabeza Rapada” y “Los Bravos” hasta sus últimas creaciones, pasando por “Las Catedrales”, “Extramuros”, “Jaque a la Dama”, cuantas, cuantas obras, Jesús, que te tenemos que agradecer tus lectores. Muchas de estas obras a veces influidas por sus experiencias como realizador cinematográfico, aspecto en el que también brilló extraordinariamente Jesús.
Jesús Fernández Santos fue un hombre de extraordinaria coherencia en su vida y en su obra; una coherencia que llega hasta tal extremo que hace difícil distinguir las obras escritas inicialmente de aquellas escritas en plena madurez, si no se conoce la fecha de su publicación.
Yo quiero hoy, aquí, como ciudadano primero hacer pública esta placa en nombre de todos los madrileños que probablemente no necesitaríamos de este recuerdo, porque el mejor recuerdo está en sus libros, para rendirle homenaje con la placa que hemos descubierto aquí.

Gracias María, compañera de Jesús.


Contestación de la viuda del escritor, María Castaldi

Este acto organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Madrid y las palabras de elogio y recuerdo de su Alcalde hacia la figura de escritor y de madrileño, son un reconocimiento justo para Jesús Fernández Santos, mi marido.
En sus novelas y relatos él ha sabido reflejar una visión personal de un Madrid desconocido para muchos. En sus artículos ha criticado a veces hechos o acontecimientos de esta ciudad según él equivocados, porque cuando se quiere, no se puede ser indiferentes y, a él, le hubiese gustado que Madrid fuese una ciudad perfecta, un lugar agradable donde vivir.
Se sentía orgulloso de ser madrileño y nadie mejor que yo puede dar fe de este sentimiento suyo porque, si a lo largo de treinta años he llegado a conocer los rincones más insólitos, los museos, los monumentos, los parques, los conventos recoletos de esta ciudad, y si ya no me siento extranjera en ella, ha sido gracias a Jesús.
Para honrar nombres o empresas singulares bastan sencillos monumentos, y esta placa, descubierta hoy, espero y deseo que sirva como recuerdo y testimonio de un escritor que amaba Madrid, la ciudad que le vio nacer, vivir y morir.